miércoles, 1 de julio de 2015

EL ROL DEL PADRE EN LA VIDA DE LOS HIJOS

Tomado del blog arboldelavida bajo el siguiente link 
http://arboldelavida.mx/blog/por-que-es-mas-importante-tener-papa-que-tener-mama/

Por qué es más importante tener papá que tener     mamá?

                                   





                 De 10 pacientes que recibo en mi consulta privada, 8 tienen conflictos con su papá o con la figura paterna.
S. tuvo a un buen papá hasta que se separó de su mamá, decidió construir una nueva familia y, además de un problema de adicción, se olvidó de ella y de su hermano.  A consecuencia de las elecciones que tomó su papá, ella dejó de hablarle por muchos años. En los últimos diez años, S. no ha logrado estar sin pareja: terminando una relación iniciaba otra, y en una sesión me dijo “creo que no sé estar sin un hombre”. Ahora el sanar la relación con su padre ha coincidido con el hecho de que lleva un tiempo sin pareja.
D. en su infancia tuvo a un papá alcohólico, adicto al trabajo, agresivo y exigente; cuando dejó “los vicios”, se separó de la mamá quien entonces se puso celosa del papá, quien además de dejar el alcohol y por ende la agresión física, aprendió a ser protector y menos exigente con su hija. Ahora ella está aprendiendo a dejar de mediar entre los dos, para encargarse de sí misma y de construir su propia vida.
J. aún padece el haber tenido a una madre sobreprotectora que no le enseñó a confiar en sí mismo ni a sentirse valioso. Pero no había alternativas porque en aquellos años su papá estaba en pleno alcoholismo y no tenía la posibilidad de ejercer su rol. J. también tuvo problemas de consumo de alcohol; ahora está aprendiendo a ejercer su masculinidad desde la sobriedad.
M. nunca conoció a su papá porque su mamá, quien tuvo a sus 4 hijos de 4 hombres distintos, se encargó de meterles la idea que no era importante que tuvieran un papá ni que supieran quiénes eran estos “señores”. Para ello los rodeó de personas: tíos, tías, primos, etc.  para compensar la carencia paterna. M. está trabajando arduamente en terapia para separarse de su familia de origen, para creer que merece construir la vida y la familia que sueña, y que existen hombres que sí se hacen cargo de sus hijos.
N. viene de una familia donde ella no identifica a un solo hombre útil, pleno y valioso. Incluso su padre, a quien amaba profundamente, era un “niño” cuidado por su esposa, quien vivió su vida esperando que creciera y que dejara la botella. Ella ha vivido gran parte de sus relaciones –incluyendo las fraternales- esperando a que el hombre en cuestión cambie y se transforme en el ideal jamás conocido pero siempre esperado.
Estas son sólo algunas de muchas historias en las cuales hay un papá débil, distante o incluso ausente. En la gran mayoría de estas realidades y como menciona Maria Calvo en su libro, los hombres han sido “destronados” de su rol paterno por las mismas madres.
¿Cómo se destrona a un papá de su rol?
Hay muchas maneras. Cuando hay una separación o un divorcio y “gracias” a que las madres tienen casi asegurada la custodia de los hijos, es muy frecuente que estas mujeres transformen el enfado y la frustración por la ruptura –especialmente si ha ocurrido por infidelidad- en venganza, poniendo a los hijos en contra de su padre.
Cuando, por el contrario, sí hay un hombre en casa y este además quiere involucrarse en el cuidado de los hijos, con frecuencia ocurre algo parecido a cuando el mismo hombre participa en las labores el hogar.
Para su mujer nunca lo hace lo suficientemente bien, y hasta le resulta un estorbo.
En estas circunstancias, incomprendidos y desplazados, los padres desconfían de su instinto masculino y renuncian al ejercicio efectivo de la paternidad, o la mujer prescinde de su concurso. Así, los hijos no pueden respetarlos ni querer ser como ellos.
En este clima intenta sobrevivir toda una generación de padres que no saben muy bien cómo desenvolverse en una sociedad, que les obliga a tergiversar su masculinidad y no les permite disfrutar de su paternidad en plenitud (Calvo, 2014).
De manera más directa o más sutil, muchas veces la mujer va orillando al hombre a un rol satélite que va tomando cada vez más distancia.
Y para decir toda la verdad, para algunos hombres alejarse o ausentarse de sus hijos es un rol más cómodo que el de exigir su derecho paterno.
Hay matrimonios en que la mujer exige al padre que se comporte como una «madre bis», lo cual no tiene sentido. La manera en que lo hacen los padres no es equivocada, es que no lo hacen a la manera femenina. Nosotras somos las que en ocasiones les ponemos los límites. Hay madres que renuncian a trabajar, a ir al gimnasio, a quedar un día con amigas porque piensan que sus maridos no saben cuidar bien de los hijos. Sin embargo sí saben hacerlo, la cuestión es que no lo hacen como ellas quieren, sino desde su enfoque masculino, con su propio estilo paternal. Las mujeres a veces somos demasiado exigentes y este modelo de madre dominante perjudica al niño porque le desequilibra en su desarrollo(Calvo, 2014).
Pero entonces ¿por qué tener papá es más importante que tener mamá?
La provocadora premisa no es nada obvia, pero la respuesta es de fácil comprensión.
Muchos de los problemas actuales de niños y adolescentes tienen su origen en una falta de atención o deficiente implicación de sus progenitores, especialmente de los padres (Calvo, 2014).
En nuestra cultura cuando por la razón que sea un niño o una niña no cuentan con su madre biológica o ésta es marginal o ausente, inmediatamente se despliegan varias figuras maternas sustitutas que suplen esta carencia: abuela, tía, prima, vecina. E incluso cuando sí hay una mamá, parece que no basta y con frecuencia se crean alrededor del niño o niña una serie de “mamás extras” que quedarán tales para toda la vida.
En nuestra cultura es muy importante tener mucha madre. O muchas madres.
¿Pero qué pasa cuando, por el contrario, este niño o niña no tienen al papá, o el padre es una figura ausente o marginal? Nada. No hay despliegue de figuras paternas; si acaso y eventualmente algún abuelo o tío fungirán como mentores, pero difícilmente suplirán el rol paterno de manera plena.
Un amigo me dijo “México es un país huérfano de padre”, y creo que es verdad. Muchos, demasiados hijos nacen sin padre; muchos, demasiados padres abandonan a sus hijos; muchas, demasiadas madres alejan a los padres de sus hijos.
Probablemente es por esta razón que los mexicanos buscan intensamente a tantas figuras paternas a lo largo de su vida: papá gobierno, papá presidente, papá diputado, papá jefe, etcétera.
El rol de la paternidad ha sufrido diversas modificaciones en la historia. Ha pasado de un modelo rígido y dominante a una estructura más flexible e igualitaria; de sólo proveedor económico los padres ahora pueden ser proveedores de cuidados, afectos, enseñanza y formación. La función paterna es entonces una función afectiva, sociocultural, relativizada por los momentos históricos (Aray, 1992).
Actualmente los hombres están en transición de un modelo tradicional a un nuevo modelo inacabado al cual adherirse y que han cambiado con respecto a la paternidad de sus propios padres. Hoy el rol paterno es más impreciso y menos establecido que antes, y sobre todo con respecto al de la madre.Además, el papel del padre está más determinado por factores individuales, familiares, y culturales que influyen en su práctica, lo que no ocurre con la maternidad.
La función paterna en psicoanálisis funge como reguladora del deseo y el goce, que censura el incesto y la fusión madre-hijo. Es una función psicocultural que facilita el distanciamiento de lo biológico, de lo instintivo-pulsional favoreciendo el acceso a lo simbólico (Arvelo, 2000).
Hoy en día se sabe que el amor y la presencia paterna es uno de los factores que más impactan en el desarrollo de nuestra personalidad.
Se ha estudiado que la experiencia del rechazo del padre en edad pediátrica -primera infancia y niñez y hasta antes de la pubertad- impacta fuertemente en la personalidad de los niños quienes más adelante se vuelven más agresivos, ansiosos, inseguros y hostiles hacia los demás (Maldonado-Durán & Lartigue, 2008).
En cuanto a los intensos sentimientos de deprivación paterna que impactan el área emocional del niño/a, cuando ocurren en niños/as de familias desintegradas, les afectan con un retraso en el desarrollo global de la personalidad, comportamientos antisociales, prevalencia de enfermedades psicosomáticas, fuerte dependencia emocional y ansiedad de separación (Draper & Harpending, 1982).
En el hijo varón que crece sin su padre existe un nivel crónicamente más alto de cortisol, un índice de mayor estrés psico-social y mayor vulnerabilidad a algunas enfermedades (Maldonado-Durán & Lecannelier, 2008).
En un trabajo de investigación que se basó en un seguimiento de más de 70.000 adolescentes y adultos jóvenes de ambos sexos a lo largo de casi 20 años (McLanahan & Sandefur, 2000; en: Chouhy, 2000), se estudiaron las siguientes variables:
1) riesgo de interrumpir estudios secundarios 2) riesgo de permanecer sin estudiar ni trabajar por períodos prolongados (idleness) 3) riesgo de embarazo en la adolescencia, comparando a jóvenes que crecieron con un padre, con aquellos que crecieron sin un padre.
Los resultados obtenidos fueron:
  1. El riesgo de permanecer sin estudiar ni trabajar por períodos prolongados es un 50% más alto para jóvenes que crecieron sin su padre.
  2. El riesgo de interrumpir estudios secundarios es un 100% más alto.
  3. El riesgo de embarazo en la adolescencia es también un 100% más alto.
Más de 500 estudios (sintetizados en el National Fatherhood Initiative, disponible enwww.fatherhood.org/) suportan el mayor impacto del rechazo paterno versus el materno en relación a sus consecuencias.
Algunos resultados de este meta análisis arrojan que crecer sin un padre implica:
• 5 veces más propensión a ser pobres en la adultez
• 20 veces más propensión a los desórdenes de conducta
• 14 veces más propensión a violar a una persona
• 10 veces más propensión a adicciones
• 20 veces más propensión a la depresión
• 5 veces más propensión a cometer suicidio
• 32 veces más propensión a escapar del hogar
La conexión entre ausencia del padre y delincuencia surge de numerosos trabajos de investigación. En Estados Unidos por ejemplo, el 70% de los delincuentes juveniles, de los homicidas menores de 20 años y de los individuos arrestados por violación y otras ofensas sexuales graves crecieron sin padre. En la comunidad afro-americana, en la que la figura paterna ha virtualmente desaparecido, uno de tres menores de 25 años está preso o en libertad condicional. Un padre ausente es el mejor predictor de criminalidad en el hijo varón (Adams, Milner & Schrepf, 1984; Anderson, 1968, Chilton & Markle, 1972; Monahan, 1972; Mosher, 1969; Robins & Hill, 1966; Stevenson & Black, 1988; Wilson & Herrnstein, 1985; Bohman, 1971; Kellam, Ensminger & Turner, 1977. Todos en: Chouhy, 2000).
La falta de padre constituye además un factor de riesgo para la salud mental del niño, quien además presenta mayores dificultades para controlar sus impulsos, de ser más vulnerable a la presión de sus pares y de tener problemas con la ley (Angel & Angel, 1993; en: Chouhy, 2000).
Si bien se sabe poco acerca de la importancia del apego emocional entre el bebé y su padre y qué diferencia determina esto en la vida de ambos, está claro que el padre es también una figura central para el desarrollo físico y emocional de un niño o niña. Por su diferente sentido de protección con respecto a la madre, el padre apoya más las conductas del hijo que busca novedad y lo ayuda a tolerar frustraciones cuando intenta algo nuevo (Maldonado-Durán & Lecannelier, 2008).
En ausencia física y psíquica del padre, la relación madre-hijo funciona como un universo cerrado, una relación de pareja que se repliega sobre sí misma y perjudica el equilibrio de ambos. Ante estas circunstancias, el padre no juega su papel de separador que es el que, precisamente, permite al niño diferenciarse de la madre y se produce una mutua e insana interdependencia madre-hijo (Calvo, 2014).
Las mujeres por naturaleza son más proteccionistas, mientras el padre respeta más la libertad y se encarga de cortar el cordón umbilical con la madre, lo que beneficia mucho al niño. Y también a la madre a la que la dota de mayor libertad (ibíd.)
Los padres fungen también como modelo de identificación masculina para los niños, y un modelo de diferenciación para las niñas. La disponibilidad y la vinculación paternas tienen un efecto modulador de la agresividad en el caso de los chicos, debido en gran medida a que en el ejercicio de su paternidad el hombre propone un modelo de conducta masculina culturalmente apropiado (ONU, 2011). Entre las chicas, la presencia del padre se refleja en una mayor seguridad en sí mismas, niveles menores de comportamientos sexuales de riesgo y una menor dificultad para fomentar y mantener relaciones sentimentales.
A falta de modelaje correcto por parte de un padre responsable, el varón no tiene a quien copiar en sus roles y la hija no tiene modelo para escoger la pareja correcta. Ambos van a tender a perpetuar elsíndrome de padre ausente y creándose un círculo vicioso generacional. El dolor del rechazo se representa en edad adulta además como una dificultad para relacionarse de manera segura y con confianza con la pareja (Pérez, 2012).
En el hijo sin padre hay una eterna nostalgia por una relación con ese padre que no tuvo. Es como una agenda inconclusa que persigue de diferentes maneras, según haya sido la ausencia paterna (Polasek, 2012).
Las ausencias reales del padre van a repercutir directamente también en la madre quien se verá obligada a ejercer la función paterna, no siempre con el mayor de los éxitos. Una madre recargada de roles, resentida, angustiada, deprimida y con sentimientos de soledad por la separación de la pareja no está en las mejores condiciones para sustituir al padre en su función y presentará dificultades para no incurrir en conductas fomentadoras de fusionalidad, de sobreprotección y de erotización hacia sus hijos(Arvelo, 2003).
Los hijos e hijas de un padre que les garantiza seguridad, está presente y se relaciona con ellos con sensibilidad implica en el futuro para ellos menores problemas de conducta y emocionales. Estos chicos y chicas sabrán manejar mejor las relaciones con sus coetáneos, tendrán más iniciativa, autoestima y mejores relaciones de pareja de adultos.
Los niños y niñas que sí tienen padre enfrentan menos problemas de comportamiento, obtienen mejores resultados académicos y tienen una mejor posición económica en el futuro (Brotherson & White, 2005).
Desde luego que la sola presencia del padre no es garantía de un adecuado ejercicio de la función paterna. Asimismo, aunque la ausencia del padre no necesariamente genera siempre desequilibrios psicológicos importantes, no es menos cierto que es un factor de peso en el desarrollo de la personalidad de niños o adolescente.
Por ejemplo hoy se sabe que un niño con más de una figura de apego, es decir con más de una persona que lo cuida y le hace sentir querible, es un niño que crece con una base más sólida para enfrentar la vida (Morales, SF).
Esto es muy importante subrayarlo ya que las investigaciones acerca de la homoparentalidad arrojan información reconfortante con respecto al sano desarrollo del niño o niña en múltiples aspectos. Asimismo, en las parejas del mismo género lo más frecuente es que uno/a de los dos ejerza un rol más maternal y el/la otro/a un rol más paternal. En el desarrollo psico-emocinal de un niño o niña, esto produce resultados similares a aquellos de una pareja heterosexual.
Un estudio realizado en Chile (Errecart, Stoulman & Villagra, 1989) indica que la disponibilidad del padre, más que su ausencia o presencia, es lo que determina que se constituya en un adecuado modelo de identificación para su hijo. Las alteraciones de la identidad sexual en hijos de padre ausente no se manifestaron en comportamientos afeminados: estos niños se observaron masculinos e incluso sobrecompensan estos rasgos. Las autoras sostienen que la ausencia paterna temprana va más allá́ de lo comportamental.
En este estudio los niños de padre ausente presentaron relaciones interpersonales alteradas por la presencia de simbiosis y dependencia -especialmente de la madre- con sentimientos de amenaza de pérdida hacia el objeto amado, angustia de separación y poca confianza básica. Todo ello genera un enfrentamiento con el mundo cargado de ambivalencias, muy agresivo por una parte, pero a la vez con un fuerte sentimiento de inferioridad y minusvalía. En cuanto a la autoimagen, las autoras encontraron en los niños de padre ausente una imagen de sí mismo de carácter parcial y ambivalente, así́ como una fuerte tendencia a presentar sentimientos de inferioridad, minusvalía e indefensión y un mundo interno cargado de objetos negativos y hostiles (ibíd.).
Una paternidad activa y responsable es una gran inversión para la vida, especialmente la de los hijos.
El padre hoy en día ni es el único proveedor económico de la familia, ni puede y debe dejar de ser un proveedor afectivo. Y que pueda desarrollar este rol depende en gran medida de su pareja. La vinculación y la atención del hombre son importantes en las vidas tanto de las mujeres como de los niños (ONU, 2011)
Es necesario recuperar el significado de la autoridad paterna.
Paradójicamente, pese a su evidente importancia, la necesidad de promover una paternidad responsable no figura entre las prioridades de las políticas sociales en nuestro país. Pero esto está cambiando. Por política interna, hoy las empresas sí pueden conceder algunos días económicos, un permiso o una licencia con o sin goce de sueldo, con el objeto de que sean quienes tengan la responsabilidad de llevar a cabo los trabajos domésticos y colaborar en el cuidado de su hijo recién nacido durante ese lapso, sin ningún problema (Rivera Romero, 2012).
Nunca es demasiado tarde para sanar la relación con un padre. Tampoco lo es para intentar reconstruir una relación con los hijos. 
Lo que ya no se puede es revertir una mala elección de pareja, que no puede ser concebida sólo en términos de mis propios deseos, expectativas y satisfacciones presentes. Una elección de pareja consciente y responsable implica que si decido tener hijos con él o ella, se vuelve fundamental observarle, recoger información, analizarla, ver hacia su pasado -personal y familiar- e indagar en su futuro. Esto permitirá tener a mi alcance elementos para predecir si podrá ser un buen padre o una buena madre, y si podremos compartir una paternidad independientemente de cómo nos vaya como pareja.
Mi deseo es que, al finalizar esta lectura, seamos muchas más las mujeres que permitan, promuevan e incluyan activamente a sus hombres en un ejercicio libre de la paternidad. Y que sean muchos más los hombres que exigen y hacen valer su derecho con sus parejas.
Porque si el hombre pierde, perdemos todos (Calvo, 2014).
REFERENCIAS
Calvo, Maria (2014). Padres destronados. Córdoba: El toro mítico.
Aray, Julio (1992). Momentos psicoanalíticos. Caracas: Monte Ávila.
Arvelo, Leslie (2000). Algunas consideraciones sobre la Función Paterna y la Identidad Psicológica en Venezuela. Rev. Identidad y Alteridades: 10, 17-29.
Maldonado-Durán, M. & Lartigue, T. (2008). La importancia de los trastornos emocionales y conductuales en la etapa perinatal. Perinatología y Reproducción Humana: 22, 1. 3-4.
Draper, P. & Harpending, H. (1982). Father Absence and Reproductive Strategy: An Evolutionary Perspective. Journal of Antropology Research: 38, 3. Disponible en:http://digitalcommons.unl.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1037&context=anthropologyfacpub
Maldonado-Durán, M. & Lecannelier, F. (2008) El padre en la etapa perinatal. Perinatología y Reproducción Humana, 22: 145-154.
Chouhy, Ricardo (2000). Función paterna y familia monoparental: ¿cuál es el costo de prescindir del padre? Psicología y Psicopedagogía – Publicación virtual de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad del Salvador: 1, 2. Disponible en: http://www.redsistemica.com.ar/chouhy.htm
Morales, F. (SF). La importancia del padre en la crianza de hijos e hijas. Disponible en:http://www.crececontigo.gob.cl/columnas-%E2%80%93-expertos-dicen/la-importancia-del-padre-en-la-crianza-de-hijos-e-hijas/
ONU (2011) Men in families and Family Policy in Changing World. Disponible en:un.org/esa/socdev/family/docs/men-in-families.pdf
Pérez, O. (2012) La ausencia paterna: Un círculo vicioso generacional. Disponible en: http://voces.huffingtonpost.com/2012/04/28/ausencia-padre-hogar_n_1461766.html
Polasek, D. (2012). El rol del padre en la formación de los lazos afectivos. Disponible en:http://www.iniciativat.com/noticias1/54-familia/1527-el-rol-del-padre-en-la-formacion-de-los-lazos-afectivos.html
Arvelo, Leslie (2003). Función paterna, pautas de crianza y desarrollo psicológico en adolescentes: implicaciones psicoeducativas. Rev. Acción pedagógica: 12, 1; 20-30.
Brotherson, S.E. & White, J.M. (editores) (2006) Why Fathers Count: The Importance of Fathers and Their Involvement with Children. Minneapolis, MN: Men’s Studies Press.
Errecart D., Stoulman J. & Villagra Y. (1989). Efectos de la ausencia paterna temprana en la identidad sexual del niño varón. Univ. Chile.
Rivera Romero, E. (2012). La importancia de la paternidad en la nueva reforma laboral. Disponible en:http://mexico.cnn.com/opinion/2012/09/18/opinion-la-importancia-de-la-paternidad-en-la-nueva-reforma-laboral

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