lunes, 17 de febrero de 2014

Joven, hablemos de salud sexual


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Según la Organización Mundial de la Salud, hay aproximadamente 260 millones de casos de enfermedades de transmisión sexual y anualmente esta cifra crece con 38 millones de nuevas infecciones, casi la mitad son diagnosticadas en jóvenes de entre 15 y 24 años. A pesar de lo crucial de invertir en esta área y de su alto costo de oportunidad, ¿Sabemos qué intervenciones reducen las cifras de embarazos adolescentes, prácticas sexuales de riesgo, incidencia de enfermedades de transmisión sexual entre jóvenes, etc.?
En el estudio Salud sexual y reproductiva para jóvenes: Revisión de evidencia para la prevención del BID se sistematizan más de 30 programas de prevención que han sido evaluados y que han demostrado su efectividad de manera empírica.
Entre los hallazgos principales de este estudio se destaca la inexistencia de una receta para el diseño de intervenciones efectivas; apuntando como elementos claves para su diseño a la adaptación de la comunicación con los jóvenes reflejando los diferentes grupos de edad, etnia, género y contexto socio-cultural. Por ejemplo, cuando el evaluador habla con grupos de adolescentes, se recomienda enfatizar el mensaje de posponer el debut sexual y el uso de métodos anticonceptivos; sin embargo, cuando la comunicación se da con grupos de jóvenes, se considera clave abordar temas como la prevención de enfermedades, los riesgos implicados en mantener múltiples parejas sexuales y la combinación de alcohol y drogas con actividad sexual.
El estudio destaca como crucial la integración de contenidos relativos a salud sexual con contenidos para el desarrollo socio-emocional. Según el grupo de edad, resulta efectivo abordar temas como la autoestima, cómo lidiar con situaciones de presión social, habilidades de negociación o cómo manejar situaciones de rechazo, con especial énfasis en el desarrollo de mecanismos de autorregulación. Estas habilidades se muestran como elemento común a muchos programas efectivos y son especialmente importantes en grupos vulnerables.
Otra característica común a una amplia gama de programas es el uso de técnicas y canales de comunicación innovadores que buscan promover e incentivar la participación del joven, así como fomentar la interacción e influencia de padres y pares en el marco del programa. En muchos programas, el contar con un peer o aliado joven que sea capacitado para impartir sesiones ha resultado muy efectiva, permitiendo que los jóvenes se identifiquen no solo a nivel de edad, sino también a nivel de género, etnicidad o nivel socioeconómico. Esto genera ventanas de discusión y una mejor asimilación de mensajes que favorezca en un cambio de comportamiento.
Por último, el estudio recoge las principales tendencias de investigación relacionadas con los comportamientos de la juventud, y cuya evidencia e implicancias son clave para el diseño de políticas públicas. La influencia de pares, la evidencia sobre la “plasticidad” del cerebro del joven y la influencia de las redes sociales en el estado de salud y comportamiento de los individuos, se configuran como ventanas de oportunidad para el cambio de conductas y la promoción del desarrollo saludable de los y las jóvenes.
Cuéntanos de programas de salud sexual para adolescentes que se llevan a cabo en tu comunidad. ¿Poseen elementos como los arriba mencionados?
La semana que viene, compartiremos un post sobre la evaluación de comportamiento de riesgo en jóvenes.
Drina Z. Saric Yaksic es economista investigadora en temas de protección social, juventud, desarrollo infantil y finanzas públicas.

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